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Sexualidad humana a la imagen de Dios

Amanecer Cautiva del Amor 5 diciembre, at 7: Por lo tanto, la familia es el lugar donde los padres se convierten en los primeros maestros de la fe para sus hijos.

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Es un acto de estima y de confianza. Puede ser un momento de luz y de gracia. Cristo me llamaba para servirle como sacerdote. Te contesto entonces con otras palabras de Juan Pablo II, esta vez en Argentina en , hablando del celibato: Pero igual que dos personas pueden conocerse y hacerse muy amigos en una tarde, nosotros podemos alcanzar amistad con Dios en cuanto le abrimos nuestra alma.

En cuanto abre un resquicio de su alma, Dios se vuelca. Un hombre pasea por la orilla de la playa, contemplando el mar. No tarda en descubrir a otra persona, en este lugar ahora desierto: Solo lo mira, sorprendido. El intelectual opina sobre cualquier tema: Sin embargo, la claridad de ideas del anciano le desarma.

Al final, el anciano le desvela que es cristiano. Dios sale al encuentro de cada persona de una manera distinta.

Solo muy raramente Dios manifiesta sus llamadas personales con signos externos. No podemos esperar de los cielos un acta notarial, un llamamiento en toda regla por parte de la divinidad. La pregunta decisiva es: Dios tiene un plan para todos, para cada uno. Todos los cristianos estamos llamados a la santidad, es decir, al encuentro con Dios, a seguir a Jesucristo. Para ti, lo mejor es lo que Dios quiera de ti. Por tanto, a nosotros nos toca escuchar, percibir su llamada, ser valientes y fieles para seguirlo, de modo que, al final, nos considere siervos fieles que han aprovechado bien los dones que se nos han concedido.

Esa certeza llega cuando ha transcurrido un tiempo, y comprobamos que ese camino llena nuestra alma, y se alcanzan entonces grados muy altos de seguridad. Sucede algo parecido en el camino hacia el matrimonio: Seguir a Dios vale siempre la pena. Cuando vamos al encuentro de ese proyecto que Dios tiene preparado para cada uno de nosotros, no hacemos un favor a Dios. Puede ser miedo, o bien inseguridad, o incertidumbre. La mejor libertad es la que se emplea para seguir la voluntad de Dios.

Dejarse guiar por Dios no es perder libertad, sino emplearla del mejor modo posible. Y no siempre con un proceso predominantemente racional. Pasarlo bien de verdad depende de estar cerca de Dios.

No elegimos nosotros, sino que elige Dios. Y ese designio suyo determina el camino que cada uno debe recorrer para alcanzar el Cielo y para ser feliz en la tierra. Solo el que sabe enamorarse de verdad es capaz de una entrega plena. Le fue dirigida una voz que le dijo: Tampoco escucharemos una voz celestial, como San Pablo. Dios puede servirse de todo eso, pero eso no es la llamada de Dios.

Sucede en los matrimonios, en la amistad, en el trabajo, en casi todo. Los matrimonios felices no son los que no pasan crisis ni tienen momentos malos, porque momentos malos tiene todo el mundo, sino que los matrimonios felices son los que saben superar esas crisis. En cualquier caso, hay que tener presente lo que dice la Sagrada Escritura: El amor se siente, pero el amor no es solo sentimiento. La voluntad tiene un papel importante. Aunque deseabas tenerlo, no hubo lugar para el sentimiento: Nuestras decisiones desencadenan unos hechos que conducen a otros nuevos.

Dios tiene unos planes para cada uno de nosotros, pero, al crearnos, ha querido correr el riesgo y la aventura de nuestra libertad. Ha querido que la historia de cada uno de nosotros sea una historia verdadera, que depende mucho en cada momento de nuestras decisiones personales. Los santos no fueron santos inexorablemente. La santidad es una respuesta libre a la gracia, que nunca ahoga la libertad.

Los santos supieron encontrar en los acontecimientos cotidianos de la vida el querer de Dios. Lo encontraron porque fueron humildes, como San Pedro. Porque nunca pensaron que era demasiado tarde, como San Juan de Dios. El nivel del agua fue subiendo sin parar. Tiene la mirada perdida, como desvanecida en el silencio.

De vez en cuando, le visitan los viejos conocidos y evocan juntos a amigos y parientes, casi todos ya muertos. Y mientras, en la casa, todo sigue igual: Vive de nostalgias y de recuerdos, asombrosamente cercanos a pesar del tiempo. Era rico y un tanto arrogante. Y deseoso de servir a Dios.

Y se fue triste. En la aldea se comentaban cosas contradictorias. Otros hablaban de sus milagros. Otros estaban convencidos de que era un profeta.

Hice bien en no seguirle. Hubo sus tensiones, porque la doctrina de Cristo no deja a nadie indiferente. Se limitaba a contemplar desde lejos lo que pasaba. Pudo haber sido uno de ellos. Ahora su cuerpo se iba combando lentamente y se ajaba el rostro de su mujer. Y en su vejez se lamentaba de su pobreza, viendo sus campos y sus ganados en mano ajena, viendo el desprecio de aquellos que antes le adulaban porque era rico, pero que ahora le ignoraban porque ya no lo era.

Pero aquel hombre dijo que no. El mundo se pierde por falta de dulzura y amabilidad. No olvidemos que nos necesitamos los unos a los otros. Lo suyo fue una escapada en toda regla. Los marineros se asustaron. El mejor sistema es disponerse a escuchar la voz de Dios y a seguir su voluntad.

Dios cuenta con todo eso. Pero esa misma llamada nos ilumina interiormente y nos ayuda a superar el miedo natural que producen las intervenciones sobrenaturales. Y el miedo siempre aparece ante todas las decisiones importantes, que siempre suponen riesgos. Tienes que aceptar el riesgo del amor, pero recuerda que es un riesgo en manos de Dios.

No busca un simple paso adelante, un gesto, o un poco de tu tiempo. Te pide cambiar de planes, cambiar de vida. En la juventud hay mucha generosidad, pero ante el riesgo de comprometerse para toda la vida, ya sea en el matrimonio o en el celibato, se experimenta miedo. No puede olvidarse, por ejemplo, que el matrimonio no es simplemente un acto de sinceridad, de quien afirma con cierta solemnidad que cree que ama sinceramente al otro.

Indudablemente, pues para adquirir compromisos importantes hay que haber sido educado -y haberse educado a uno mismo- en una actitud de compromiso habitual por la mejora del mundo que nos rodea. La monedita del alma se pierde si no se da.

Pero notaba que algo en su vida estaba fallando. Caminaba, como siempre, rodeado de un grupo de amigos. Tengo que seguir bregando contra todo y contra todos para mantenerme en mi puesto. Dejad ya las contiendas y peleas.

Esa era la respuesta. Estabas a mi lado, pero yo estaba muy lejos de Ti. Me llamabas, me gritabas, y al fin, venciste mi sordera. Hemos de fomentar la esperanza de ese encuentro con Dios. La espera puede aguardarse durmiendo, la esperanza, caminando. Hay que pensar las cosas con calma, pero sin eternizarse en la respuesta.

Ellos, al instante, dejaron la barca y a su padre, y le siguieron. No puede ser el fruto irreflexivo del impulso de un momento. Su historia es una interesante referencia para todos aquellos que, sedientos de felicidad, la buscan recorriendo caminos equivocados y se pierden en callejones sin salida. No era esto algo nuevo en la vida de Joseph Ratzinger.

Es una iniciativa de Dios, no nuestra. Es algo divino, no humano. Donde te quiera Dios. En otras palabras, buscar un nuevo estilo de vida, una vida nueva.

Al menos es posible. Si el miedo a equivocarse es excesivo, paraliza y resulta contraproducente. Es bastante normal que las decisiones importantes de la vida necesiten de un cierto tanteo. Lo que no podemos es quedarnos sentados esperando a que llegue una certeza absoluta y total. Lo decisivo ocurre dentro del alma. No siempre hay un cambio externo. Dios tiene muchos caminos y la Iglesia tiene necesidad de todos. Cada uno debe buscar el suyo. Quien deja entrar a Cristo en la propia vida no pierde nada, absolutamente nada, de lo que hace la vida libre, bella y grande.

Solo con esta amistad se abren las puertas de la vida. Solo con esta amistad experimentamos lo que es bello y lo que nos libera. Cuando se ha hecho eso, muchas veces hay que buscar el camino. Se dirige a nosotros, diciendo: Durante meses, rezaba fervientemente a Dios pidiendo ser rescatado. Ni es camino de quienes se imaginan hacer un favor a Dios. Ni de los conformistas o los desilusionados. Por amor hay hombres que cruzan continentes y mares, y por ese mismo amor hay otros hombres que se encierran en la celda de un monasterio.

Eso no es pensar bien las cosas, sino complicarlas. Desde luego, si una persona es demasiado sensible a las influencias externas, y le hacen perder su independencia interior, es mejor que espere un poco, o mejor, que madure un poco.

Pero lo normal es ser capaz de distinguir. No hay que olvidar que, en realidad, todo nos influye: Todo nos influye, pero no todo nos determina. Nuestra vida, como seres en sociedad que somos, es vida llena de influencias, y construimos nuestra personalidad en la medida que decidimos dar mayor o menor entrada a unas influencias o a otras.

Por eso, son precisamente los menos influenciables, y los que poseen suficiente capacidad para seguir las propias resoluciones a pesar del ambiente adverso, los que se atreven a pensar en entregarse a Dios.

Es un peso inevitable que todos, de un modo o de otro, hemos de llevar sobre los hombros. Camilo de Lelis, antes de convertirse, era un jugador empedernido. Todos ellos se hicieron santos pese a que comenzaron teniendo muchos defectos, luego eso no debe retraernos, sea cual sea nuestro pasado o nuestro presente. Todo eso puede haber debilitado nuestra alma. No queremos complicarnos la vida. Da un poco de miedo, es verdad. Y el Papa quiere deciros: Quien deja entrar a Cristo no pierde nada, nada -absolutamente nada- de lo que hace la vida libre, bella y grande.

Siempre se ha dicho que los tiempos de crisis del celibato coinciden con tiempos de crisis del matrimonio. Como sacerdote, me di cuenta muy pronto de esto. Quien acude al matrimonio buscando en el otro una persona que le quiera y le comprenda y le cuide, en vez de buscando querer, comprender y cuidar a la otra persona, comete un grave error.

Eso es un misterio. Tuvo hambre no solo de pan sino del amor comprensivo de ser amado, de ser conocido, de ser alguien para alguien. Estaba desnudo, pero no solo por la falta de ropa sino por la falta de dignidad y de respeto, por las injusticias cometidas contra los pobres, a quienes se desprecia simplemente por ser pobres.

Hemos de irradiar esa presencia que tenemos en nuestro interior con la manera de dirigirnos a ese hombre con amor y respeto. Ese tipo de pobres los hay en Londres, Madrid y Roma. Entre los ricos suele haber personas espiritualmente muy pobres. Hubo santos que vendieron todos sus bienes y los entregaron a los pobres.

El desprendimiento es libertad. Piensan que lo que les ha tocado es el logro de su propia vida, pero eso es algo que nunca puede venir de fuera. No son sus fuertes alas, sino la ligereza de su cuerpo, el vaciamiento de toda carga superflua y lastrante, lo que imprime agilidad, soltura, versatilidad y sutileza a sus evoluciones en el aire.

Es impresionante el relato que hace San Pablo sobre los padecimientos que tuvo que sufrir al anunciar el Evangelio: Esas palabras se han ido cumpliendo a lo largo de los siglos. No siempre han sido tribunales de justicia formalmente constituidos, sino a veces tribunales menos formales pero con no menos capacidad de juzgar y condenar. La fidelidad a Cristo se ha pagado muchas veces con la vida, con la deshonra, con el destierro. Y fueron tantas, que exclamaba al final de su vida: Por eso, las dificultades principales muchas veces no han venido de los enemigos de la Iglesia o de la fe cristiana.

La historia de la Iglesia muestra que no ha habido santo libre del doloroso zarpazo de la calumnia.

Los ataques han venido en otras ocasiones de los propios hermanos en la entrega a Dios. El fundador andaba encorvado y tambaleante, pero con el rostro tranquilo. Pero siempre procede de un modo bastante parecido: Aquellas semanas de servicio laboral han permanecido en mi memoria como un recuerdo opresivo. Hay quien piensa que puede ser una muestra de que ahora son menos necesarias, y que la vida actual ha evolucionado y no precisa ya tanto de ellas.

Pero es una zapatilla rusa junto al gozo de tener -si se cree- a Dios entre los dedos o el ver brillar a unos ojos humanos cuando se alejan, pacificados, de un confesonario. Lo tomaron por loco. Por la noche, va por las calles pidiendo limosnas para sus pobres. A lo largo de la historia, han sido muchas las aventuras de santidad que han sido consideradas por la gente de su tiempo como locuras, iluminaciones, comeduras de coco o ingenuidades agudas.

Ya no es muy habitual, gracias a Dios, pero tampoco ha dejado de suceder del todo. Es cierto que existen, y algunas son realmente muy destructivas, y es preciso actuar contra ellas de forma honesta, legal y contundente. Tanto el argumento como el modo de trabajar es bastante antiguo. Para muchos, es una locura frente al modo en que ellos se plantean la vida. Y lo mismo puede decirse de San Juan Bosco, o de toda una multitud de santos, conocidos o desconocidos, a la largo de la historia.

Debes tratar de hacer siempre que abandone la gente, la ropa o los libros que le gustan de verdad, y que los sustituya por la gente "popular", la ropa que "se lleva" o los libros que "se leen". Pero eso no quita que haya algunos que lo vean como malograr o desaprovechar una vida.

Su padre, que gozaba oyendo sus discursos de abogado, ahora no quiere ir a escuchar sus sencillos sermones de sacerdote. Bastaban pocos pasos para salir unos de las angustias, renegar de Cristo y recuperar en las termas esa vida que se estaba yendo de sus cuerpos minuto a minuto. Su testimonio de coherencia cristiana hasta el martirio explica que su fama haya crecido incesantemente con el paso de los siglos.

Sin embargo, cuando pretendemos organizar el mundo adoptando o juzgando el papel de Dios, el resultado es que hacemos entonces un mundo peor. El mundo se salva por el Crucificado y no por los crucificadores.

El mundo es redimido por la paciencia de Dios y destruido por la impaciencia de los hombres. El testimonio de los santos ha tenido un gran peso a lo largo de la historia. Apenas aparecen momentos de facilidad.

Karol es terriblemente pobre. Aun siendo duro, aquello va marchando. En aquellas conversaciones, Karol va comentando el resultado de sus esfuerzos personales por mejorar en los puntos que se tratan en las reuniones. A medida que la amistad entre ambos va creciendo, pasean con frecuencia, se visitan en sus respectivos domicilios y pasan largos ratos leyendo y hablando.

Sin embargo, Karol se mantiene firme y al mes siguiente comienza sus estudios sacerdotales. Las clases son individuales y se dan en lugares secretos. La vida externa de Karol apenas cambia: El 29 de febrero de , cuando un cierto optimismo se extiende en Polonia porque parece acercarse el final de la guerra, Karol sufre un grave accidente al volver del trabajo.

Con el final de la guerra, el seminario deja de ser secreto. Karol culmina con gran brillantez sus estudios y es ordenado sacerdote. La familia y el matrimonio fueron redimidos por Cristo cf.

Gn 1, hasta el cumplimiento del misterio de la Alianza en Cristo al final de los siglos con las bodas del Cordero cf. Lc 10,38 y con la familia de Pedro cf. Juan Pablo II, Dives in misericordia , 4. Esto aparece claramente en los encuentros con la mujer samaritana cf. Este es el misterio de la Navidad y el secreto de Nazaret, lleno de perfume a familia. Sobre esta base, cada familia, a pesar de su debilidad, puede llegar a ser una luz en la oscuridad del mundo.

La familia en los documentos de la Iglesia. En particular, tratando de la caridad conyugal cf. La familia es imagen de Dios, que [ Mt 19,; Mc 10,; Ef 5, Gn 1,26 , misterio del que brota todo amor verdadero. Ahora bien, la fe permite asumir los bienes del matrimonio como compromisos que se pueden sostener mejor mediante la ayuda de la gracia del sacramento [ Gaudium et spes , Al unirse ellos en una sola carne, representan el desposorio del Hijo de Dios con la naturaleza humana.

Esas palabras otorgan un significado a la sexualidad y la liberan de cualquier ambigüedad. Semillas del Verbo y situaciones imperfectas. El matrimonio natural, por lo tanto, se comprende plenamente a la luz de su cumplimiento sacramental: La escuela no sustituye a los padres sino que los complementa.

El amor vivido en las familias es una fuerza constante para la vida de la Iglesia. Todo lo dicho no basta para manifestar el evangelio del matrimonio y de la familia si no nos detenemos especialmente a hablar de amor. Se muestra cuando la persona no se deja llevar por los impulsos y evita agredir. La paciencia de Dios es ejercicio de la misericordia con el pecador y manifiesta el verdadero poder.

Entonces todo nos impacienta, todo nos lleva a reaccionar con agresividad. Por eso, la Palabra de Dios nos exhorta: Luego se rechaza como contraria al amor una actitud expresada como zeloi celos, envidia. Significa que en el amor no hay lugar para sentir malestar por el bien de otro cf. Mientras el amor nos hace salir de nosotros mismos, la envidia nos lleva a centrarnos en el propio yo. El verdadero amor valora los logros ajenos, no los siente como una amenaza, y se libera del sabor amargo de la envidia.

Acepta que cada uno tiene dones diferentes y distintos caminos en la vida. Pero eso no es envidia, sino deseos de equidad. La palabra siguiente — physioutai — es muy semejante, porque indica que el amor no es arrogante. A veces ocurre lo contrario: Ser amable no es un estilo que un cristiano puede elegir o rechazar. Por lo tanto, no hay lugar para la amabilidad del amor y su lenguaje. El que ama es capaz de decir palabras de aliento, que reconfortan, que fortalecen, que consuelan, que estimulan.

No son palabras que humillan, que entristecen, que irritan, que desprecian. Seguramente es posible, porque es lo que pide el Evangelio: Una cosa es sentir la fuerza de la agresividad que brota y otra es consentirla, dejar que se convierta en una actitud permanente: Basta una caricia, sin palabras.

El problema es que a veces se le da a todo la misma gravedad, con el riesgo de volverse crueles ante cualquier error ajeno. Hoy sabemos que para poder perdonar necesitamos pasar por la experiencia liberadora de comprendernos y perdonarnos a nosotros mismos. Entonces, poder culpar a otros se convierte en un falso alivio. Fuimos alcanzados por un amor previo a toda obra nuestra, que siempre da una nueva oportunidad, promueve y estimula. Es la actitud venenosa del que se alegra cuando ve que se le hace injusticia a alguien.

La frase se complementa con la siguiente, que lo dice de modo positivo: Es decir, se alegra con el bien del otro, cuando se reconoce su dignidad, cuando se valoran sus capacidades y sus buenas obras.

El elenco se completa con cuatro expresiones que hablan de una totalidad: Disculpa todo, cree todo, espera todo, soporta todo. De este modo, se remarca con fuerza el dinamismo contracultural del amor, capaz de hacerle frente a cualquier cosa que pueda amenazarlo. En primer lugar se dice que todo lo disculpa panta stegei.

Aunque vaya en contra de nuestro habitual uso de la lengua, la Palabra de Dios nos pide: En la defensa de la ley divina nunca debemos olvidarnos de esta exigencia del amor. Es real, pero limitado y terreno. No es necesario controlar al otro, seguir minuciosamente sus pasos, para evitar que escape de nuestros brazos. Conectado con la palabra anterior, indica la espera de quien sabe que el otro puede cambiar.

No significa que todo vaya a cambiar en esta vida. Es mantenerse firme en medio de un ambiente hostil. Es amor a pesar de todo, aun cuando todo el contexto invite a otra cosa. Hay un elemento de bondad del que nunca puedes deshacerte [ A las personas atrapadas en ese sistema, las amas, pero tratas de derrotar ese sistema [ La persona fuerte es la persona que puede romper la cadena del odio, la cadena del mal [ En la vida familiar hace falta cultivar esa fuerza del amor, que permite luchar contra el mal que la amenaza.

El amor no se deja dominar por el rencor, el desprecio hacia las personas, el deseo de lastimar o de cobrarse algo. El ideal cristiano, y de modo particular en la familia, es amor a pesar de todo. El himno de san Pablo, que hemos recorrido, nos permite dar paso a la caridad conyugal.

Es el amor que une a los esposos [] , santificado, enriquecido e iluminado por la gracia del sacramento del matrimonio. El matrimonio es la imagen del amor de Dios por nosotros. Y es precisamente este el misterio del matrimonio: Sin embargo, no conviene confundir planos diferentes: Pero el matrimonio agrega a todo ello una exclusividad indisoluble, que se expresa en el proyecto estable de compartir y construir juntos toda la existencia.

Y, para los creyentes, es una alianza ante Dios que reclama fidelidad: Cede a la cultura de lo provisorio, que impide un proceso constante de crecimiento. Que ese amor pueda atravesar todas las pruebas y mantenerse fiel en contra de todo, supone el don de la gracia que lo fortalece y lo eleva. Muchas heridas y crisis se originan cuando dejamos de contemplarnos. Eso es lo que expresan algunas quejas y reclamos que se escuchan en las familias: Cabe recordar la feliz escena del film La fiesta de Babette , donde la generosa cocinera recibe un abrazo agradecido y un elogio: Casarse es un modo de expresar que realmente se ha abandonado el nido materno para tejer otros lazos fuertes y asumir una nueva responsabilidad ante otra persona.

Implica una serie de obligaciones, pero que brotan del mismo amor, de un amor tan decidido y generoso que es capaz de arriesgar el futuro. Comprometerse con otro de un modo exclusivo y definitivo siempre tiene una cuota de riesgo y de osada apuesta. El amor de amistad unifica todos los aspectos de la vida matrimonial, y ayuda a los miembros de la familia a seguir adelante en todas las etapas.

Por eso, los gestos que expresan ese amor deben ser constantemente cultivados, sin mezquindad, llenos de palabras generosas. Todo esto se realiza en un camino de permanente crecimiento. San Pablo exhortaba con fuerza: El don del amor divino que se derrama en los esposos es al mismo tiempo un llamado a un constante desarrollo de ese regalo de la gracia. Pero supone un largo y esforzado aprendizaje.

Esto requiere la ascesis de no empezar a hablar antes del momento adecuado. En lugar de comenzar a dar opiniones o consejos, hay que asegurarse de haber escuchado todo lo que el otro necesita decir. Pero son frecuentes lamentos como estos: Nunca hay que restarle importancia a lo que diga o reclame, aunque sea necesario expresar el propio punto de vista.

Muchas discusiones en la pareja no son por cuestiones muy graves. El amor supera las peores barreras. De otro modo, las conversaciones se vuelven aburridas e inconsistentes. Comenzar a sentir deseo o rechazo no es pecaminoso ni reprochable.

En ese caso, los sentimientos distraen de los grandes valores y ocultan un egocentrismo que no hace posible cultivar una vida sana y feliz en familia. No implica renunciar a instantes de intenso gozo [] , sino asumirlos como entretejidos con otros momentos de entrega generosa, de espera paciente, de cansancio inevitable, de esfuerzo por un ideal. La vida en familia es todo eso y merece ser vivida entera.

Algunas corrientes espirituales insisten en eliminar el deseo para liberarse del dolor. En ese sentido, se puede acoger la propuesta de algunos maestros orientales que insisten en ampliar la consciencia, para no quedar presos en una experiencia muy limitada que nos cierre las perspectivas.

Todo esto nos lleva a hablar de la vida sexual del matrimonio. Por eso, san Pablo exhortaba: Porque cada uno posee una dignidad propia e intransferible. Es importante ser claros en el rechazo de toda forma de sometimiento sexual. Benedicto XVI era claro al respecto: La virginidad es una forma de amar. Como signo, nos recuerda la premura del Reino, la urgencia de entregarse al servicio evangelizador sin reservas cf. En ese caso, resplandece el testimonio de las personas casadas.

No podemos prometernos tener los mismos sentimientos durante toda la vida. Cada uno de los dos hace un camino de crecimiento y de cambio personal. En medio de ese camino, el amor celebra cada paso y cada nueva etapa. El amor siempre da vida. Es la belleza de ser amados antes: Alguno se atreve a decir, casi para justificarse, que fue un error hacer que vinieran al mundo.

En ellas, el amor expresa su fecundidad generosa. El amor en la espera propia del embarazo. Es como dice el Salmo: La madre que lo lleva en su seno necesita pedir luz a Dios para poder conocer en profundidad a su propio hijo y para esperarlo tal cual es.

Es un ser humano, con un valor inmenso, y no puede ser usado para el propio beneficio. No porque piensa como yo o encarna mis deseos.

A cada mujer embarazada quiero pedirle con afecto: No permitas que los miedos, las preocupaciones, los comentarios ajenos o los problemas apaguen esa felicidad de ser instrumento de Dios para traer una nueva vida al mundo. El debilitamiento de la presencia materna con sus cualidades femeninas es un riesgo grave para nuestra tierra. Aun la virilidad pareciera cuestionada. Ellos mismos abandonan las certezas y por eso no dan orientaciones seguras y bien fundadas a sus hijos.

Y que sea cercano a los hijos en su crecimiento: Decir presente no es lo mismo que decir controlador. Muchas parejas de esposos no pueden tener hijos. Sabemos lo mucho que se sufre por ello. Adoptar es el acto de amor de regalar una familia a quien no la tiene. Los matrimonios necesitan adquirir una clara y convencida conciencia sobre sus deberes sociales. Cuando esto sucede, el afecto que los une no disminuye, sino que se llena de nueva luz, como lo expresan los siguientes versos:.

Esto confirma que era una familia sencilla, cercana a todos, integrada con normalidad en el pueblo. En definitiva, viven lo que se nos pide con tanta elocuencia en este texto: Quien se acerca al Cuerpo y a la Sangre de Cristo no puede al mismo tiempo ofender este mismo Cuerpo provocando escandalosas divisiones y discriminaciones entre sus miembros.

En primer lugar, hablemos de los propios padres. A nadie le hace bien perder la conciencia de ser hijo. Y esto nos reconduce siempre al hecho de que la vida no nos la hemos dado nosotros mismos sino que la hemos recibido. Una sociedad de hijos que no honran a sus padres es una sociedad sin honor [ Pero la moneda tiene otra cara: Esto a veces no se cumple, y el matrimonio no termina de asumirse porque no se ha hecho esa renuncia y esa entrega.

Es el clamor del anciano, que teme el olvido y el desprecio. Debemos despertar el sentido colectivo de gratitud, de aprecio, de hospitalidad, que hagan sentir al anciano parte viva de su comunidad. No se puede educar sin memoria: Una familia que no respeta y atiende a sus abuelos, que son su memoria viva, es una familia desintegrada; pero una familia que recuerda es una familia con porvenir. En la familia, entre hermanos, se aprende la convivencia humana [ Crecer entre hermanos brinda la hermosa experiencia de cuidarnos, de ayudar y de ser ayudados.

Ese aprendizaje, a veces costoso, es una verdadera escuela de sociabilidad. Una delicadeza propia del amor consiste en evitar verlos como competidores, como seres peligrosos, como invasores. Anunciar el Evangelio de la familia hoy.

Mt 13, , nuestra tarea es cooperar en la siembra: Algunos llevan sobre sus vidas la experiencia de su propia familia herida, con ausencia de padres y con inestabilidad emocional.

En efecto, a lo largo de su vida pastoral el sacerdote se encuentra sobre todo con familias. Es preciso recordar la importancia de las virtudes. No se trata de darles todo el Catecismo ni de saturarlos con demasiados temas. No obstante, son indispensables algunos momentos personalizados, porque el principal objetivo es ayudar a cada uno para que aprenda a amar a esta persona concreta con la que pretende compartir toda la vida.

En realidad, cada persona se prepara para el matrimonio desde su nacimiento. En ese sentido, todas las acciones pastorales tendientes a ayudar a los matrimonios a crecer en el amor y a vivir el Evangelio en la familia, son una ayuda inestimable para que sus hijos se preparen para su futura vida matrimonial. Tampoco hay que olvidar los valiosos recursos de la pastoral popular. Lamentablemente, muchos llegan a las nupcias sin conocerse.

Los novios llegan agobiados y agotados al casamiento, en lugar de dedicar las mejores fuerzas a prepararse como pareja para el gran paso que van a dar juntos.

Lo que importa es el amor que os une, fortalecido y santificado por la gracia. En los bautizados, las palabras y los gestos se convierten en un lenguaje elocuente de la fe. Hace falta destacar que esas palabras no pueden ser reducidas al presente; implican una totalidad que incluye el futuro: Hay que dejar a un lado las ilusiones y aceptarlo como es: Suele ayudar el que se sienten a dialogar para elaborar su proyecto concreto en sus objetivos, sus instrumentos, sus detalles. La danza hacia adelante con ese amor joven, la danza con esos ojos asombrados hacia la esperanza, no debe detenerse.

Es la que pone en marcha toda inquietud para mantenerse en un camino de crecimiento. El camino implica pasar por distintas etapas que convocan a donarse con generosidad: En cada nueva etapa de la vida matrimonial hay que sentarse a volver a negociar los acuerdos, de manera que no haya ganadores y perdedores sino que los dos ganen. Una de las causas que llevan a rupturas matrimoniales es tener expectativas demasiado altas sobre la vida conyugal. Hacer crecer es ayudar al otro a moldearse en su propia identidad.

Por eso el amor es artesanal. Sigue en pie lo dicho con claridad en el Concilio Vaticano II: Resulta de gran importancia en esta pastoral la presencia de esposos con experiencia. Hay que alentar a los esposos a una actitud fundamental de acogida del gran don de los hijos. El amor necesita tiempo disponible y gratuito, que coloque otras cosas en un segundo lugar.

Otras veces, el problema es que el tiempo que se pasa juntos no tiene calidad. Esto es de suma importancia cuando se ha apagado la novedad del noviazgo. Pero al mismo tiempo es bueno cortar la rutina con la fiesta, no perder la capacidad de celebrar en familia, de alegrarse y de festejar las experiencias lindas.

Necesitan sorprenderse juntos por los dones de Dios y alimentar juntos el entusiasmo por vivir. Los pastores debemos alentar a las familias a crecer en la fe. No obstante, es posible encontrar algunos valores comunes que se puedan compartir y cultivar con entusiasmo. Las parroquias, los movimientos, las escuelas y otras instituciones de la Iglesia pueden desplegar diversas mediaciones para cuidar y reavivar a las familias.

Iluminar crisis, angustias y dificultades. Es la fidelidad de la espera y de la paciencia. No se convive para ser cada vez menos felices, sino para aprender a ser felices de un modo nuevo, a partir de las posibilidades que abre una nueva etapa.

Cada crisis implica un aprendizaje que permite incrementar la intensidad de la vida compartida, o al menos encontrar un nuevo sentido a la experiencia matrimonial. Para enfrentar una crisis se necesita estar presentes. Por eso, tratemos ahora de acercarnos a las crisis matrimoniales con una mirada que no ignore su carga de dolor y de angustia.

Hay situaciones propias de la inevitable fragilidad humana, a las cuales se otorga una carga emotiva demasiado grande. Es comprensible que en las familias haya muchas crisis cuando alguno de sus miembros no ha madurado su manera de relacionarse, porque no ha sanado heridas de alguna etapa de su vida.

La propia infancia o la propia adolescencia mal vividas son caldo de cultivo para crisis personales que terminan afectando al matrimonio. Es un amor insaciable, que grita o llora cuando no tiene lo que desea. Eso exige reconocer la necesidad de sanar, pedir con insistencia la gracia de perdonar y de perdonarse, aceptar ayuda, buscar motivaciones positivas y volver a intentarlo una y otra vez.

Cada uno tiene que ser muy sincero consigo mismo para reconocer que su modo de vivir el amor tiene estas inmadureces. La lentitud de los procesos irrita y cansa a la gente. Mitis Iudex Dominus Iesus , art. A los padres separados les ruego: A veces la vida familiar se ve desafiada por la muerte de un ser querido.

La persona amada no necesita nuestro sufrimiento ni le resulta halagador que arruinemos nuestras vidas. Eso no es imaginar al ser querido tal como era, sino poder aceptarlo transformado, como es ahora. Jn 20,17 , para llevarla a un encuentro diferente. El prefacio de la Liturgia de los difuntos expresa bellamente: Una manera de comunicarnos con los seres queridos que murieron es orar por ellos []. Ap 6, , solidarios con este mundo en camino.

Son lazos de amor []. Si aceptamos la muerte podemos prepararnos para ella. Los padres siempre inciden en el desarrollo moral de sus hijos, para bien o para mal.

Siempre hace falta una vigilancia. El abandono nunca es sano.

Correo de amigos, para ellos

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